La molécula spiritual que tenían los chamanes de hace más de 1000 años atrás y que hoy día tenemos y podría explicar lo sobrenatural



La búsqueda de respuestas siempre inquietó a los seres humanos. Es cierto, no a todos. La inmensa mayoría se deja llevar por las supuestas “respuestas” de otros. De ahí nacen las religiones, los carismáticos gurúes, etcétera. Pero el hombre antiguo se dio cuenta, lo intuyó, que se podía alterar el estado de conciencia a través de plantas. 

Se dice – una leyenda - que conversaban con las plantas y estas le decían sus propiedades medicinales o mágicas. Así dieron con sustancias como el DMT que está relacionado con las experiencias fuera del cuerpo y la visión de entidades sobrenaturales. 

De todas las sustancias psicoactivas es la que más experiencias brinda en este sentido. 

Y no es casual que sea una sustancia endógena, es decir, que la podemos fabricar  - y la tenemos - en nuestro interior. Se dice en la literatura al respecto que la glándula pineal libera una gran descarga de esta molécula en instancias a morir. Pero hay mucho para decir sobre esta sustancia , tanto como para un libro que estoy desarrollando que incluirá experiencias personales. 

Ahora bien, hace 1000 años atrás los pueblos precolombinos utilizaban cinco sustancias psicoactivas para rituales que se presumen chamánicos. El hallazgo de esto pertenece a un grupo de investigadores que encontró en el valle del rio Sora, en el suroeste de Bolivia, una parte que solía ser asentamiento de humanos y lo fue por unos 4000 años a una altitud de 3.900 metros. 

Entre las cosas que encontraron había trenzas de cabello humano, tablas de madera con representaciones humanas, y una suerte de tubo de aspiración. El radio carbono fue contundente: databan de por lo menos 1000 años. 

Imagen: La bolsa y el contenido encontrado (Miller et al., PNAS, 2019)



Las tablas, según la investigadora Melanie Miller, las usaban para pulverizar las plantas medicinales para poder fumarlas. Mediante un espectometro analizaron las muestras de las bolsas y el contenido se trataba de cocaína (quizá para tolerar la altitud) benzoilecgonina (BZE), harmina, bufotenina, dimetiltriptamina (DMT) y una sustancia posiblemente relacionada con la psilocina.
 
Las harminas (semillas de Anadenanthera y Banisteriopsis caapi) son inhibidores de la IMAO y sin duda era empleado con el DMT para producir las proyecciones de la conciencia, puesto que son los dos ingredientes de la infusión del ayahuasca. 

Image: (Jose Capriles/Penn State)



Estas plantas no crecían en la zona, por lo que se sospecha que las conseguían de bastante lejos. A Miller le sorprende tantas sustancias juntas y declara: 
“Tantas drogas psicotrópicas nunca se han encontrado juntas en un solo espécimen arqueológico antes. Ya sabíamos que los psicotrópicos eran importantes en las actividades espirituales y religiosas de las sociedades del sur y centro de los Andes, pero no sabíamos que estas personas utilizaban tantos compuestos diferentes y posiblemente los combinaban.” 
Siendo chamanes la comunicación con el mundo de los espíritus era fundamental para producir una comprensión sobre el entorno y el mundo. Por lo demás, incluso podían efectuar curaciones en las personas a las que le daban a consumir estas sustancias. Hoy se sabe que esto probablemente se deba a enfermedades psicosomáticas o de origen psicológicos que a través de cierto estado alterado de conciencia pueden producir curaciones. 

Pero es un mundo para explorar como se debe. El título la molécula espiritual ...lo puse claramente por los trabajos del Dr Rick Strassman que pasó más de cinco años con pacientes analizando sus experiencias con DMT, llegando a insólitas conclusiones que incluso podrían explicar las abduciones extraterrestres o los ECM (Estados Cercanos a la Muerte) por medio de esta sustancia endógena en nuestro organismo.

 

DMT, ALQUIMIA Y EL PODER DE LA SUGESTIÓN


 

En mi libro Cazador de Quimeras (retirado por el momento de circulación) propuse una hipótesis que, con el tiempo, me ha resultado cada vez más interesante.

Imaginemos al alquimista que ha pasado muchos años —quizá toda su vida— encerrado en el laboratorio, persiguiendo la culminación de la Gran Obra. Durante ese tiempo ha depositado sobre su trabajo una enorme carga de pensamientos, meditaciones, oraciones y expectativas acerca de las virtudes que atribuye al Elixir.

Finalmente, llega el día en que cree haber concluido la Obra y decide beberlo.

Mi hipótesis es que, en determinadas circunstancias, aquello que experimenta después podría no proceder exclusivamente de la sustancia ingerida, sino también de todo lo que ha construido psicológicamente a su alrededor durante años. En otras palabras, podría intervenir aquello que llamamos intención o, quizá con mayor propiedad, sugestión.

Esto permitiría contemplar desde otra perspectiva algunos testimonios que rescato en mi libro, en los cuales el alquimista asegura que, después de ingerir el Elixir, comienza a percibir cosas que hasta entonces permanecían ocultas a los ojos del vulgo. Habla de experiencias místicas, revelaciones y entidades sobrenaturales presentes a nuestro alrededor.

Todo esto me llevó inevitablemente hasta la DMT y, particularmente, hasta las hipótesis que relacionan esta sustancia con la glándula pineal y determinados estados extraordinarios de conciencia.

¿POR QUÉ LA PINEAL?

Como dice el Dr. Rick Strassman:

“La glándula pineal contiene los elementos necesarios para producir la DMT”

Y añade:

“Por ejemplo, posee los mayores niveles de serotonina de todo el organismo, un importante precursor de la melatonina producida por la glándula pineal. Esta glándula tiene la capacidad además de convertir la serotonina en triptamina, lo que es un paso decisivo en la formación de DMT”

Me resulta especialmente interesante que Strassman, después de haber investigado durante años los efectos de la DMT administrada a voluntarios, planteara incluso la posibilidad de que estados inducidos por la oración o la meditación pudieran relacionarse con experiencias psicodélicas de origen endógeno y, por tanto, con determinadas visiones interpretadas como místicas o sobrenaturales.

Lo expresa de este modo:

“La meditación o las oraciones también pueden suscitar estados de conciencia profundamente alterados. La producción de DMT por la glándula pineal podría ser la base de estas experiencias místicas o espirituales”

Strassman también examinó la posible relación entre la DMT endógena y ciertos trastornos psiquiátricos. Entre sus hipótesis aparece la posibilidad de que alteraciones en los mecanismos enzimáticos encargados de metabolizarla —entre ellos la monoaminooxidasa (MAO)— pudieran modificar sus concentraciones y contribuir a experiencias perceptivas extraordinarias.

Conviene subrayar que hablamos aquí de hipótesis propuestas por Strassman, no de una explicación demostrada de la esquizofrenia.

Pero hubo otra cuestión que llamó todavía más mi atención: hasta qué punto nuestro estado mental y nuestras expectativas pueden modificar la experiencia subjetiva producida por una sustancia.

Strassman cita un ejemplo particularmente sugestivo:

“En los experimentos de esa época se administraron a los voluntarios inyecciones con distintas dosis de adrenalina, la hormona de la lucha o huida, a la espera de diversos resultados. La adrenalina tuvo un efecto tranquilo y relajado en los voluntarios a quienes se les dijo que había recibido un sedante. Si se les decía que la droga experimental era estimulante, los voluntarios sentían ansiedad y energía típicas de esa hormona”.

Esto podría contribuir a explicar por qué una misma sustancia no produce necesariamente una experiencia idéntica en todas las personas.

En mi propio caso, experimenté en dos ocasiones con marihuana. Inhalé profundamente y, sin embargo, no percibí prácticamente ningún efecto: ni relajación, ni alteración significativa del humor, ni ninguna experiencia particularmente llamativa. Algo semejante me ocurrió con la DMT: tanto sola como combinada con marihuana, el efecto que percibí fue nulo.

No se abrió la Matrix ni apareció Morfeo. Y para Trinity no hace falta: ya la tengo a mi lado.

Lo único que apareció fue una profunda decepción después de haber visto tantos testimonios de personas que describían extraordinarios “viajes” hacia otras realidades.

¿Por qué ocurrió así? No lo sé.

En aquel momento pensé que quizá mi marco psicológico era demasiado rígido para favorecer semejante experiencia o que podían existir diferencias individuales en la absorción y metabolización de esas sustancias. Pero mi experiencia personal, naturalmente, no permite establecer la causa.

EL ALQUIMISTA ANTE SU ELIXIR

Volvamos ahora a Cazador de Quimeras. La hipótesis que propuse allí adquiere, desde esta perspectiva, un interés diferente.

Imaginemos que basta con decirle a una persona: «Te estoy administrando un sedante», cuando en realidad recibe adrenalina, para modificar profundamente la manera en que interpreta sus sensaciones.

¿Qué podría suceder entonces con alguien que ha pasado veinte, treinta o cuarenta años repitiéndose que la sustancia que está preparando abrirá su percepción, despertará facultades desconocidas o le permitirá contemplar una realidad normalmente invisible?

¿Podría semejante preparación psicológica influir decisivamente sobre la experiencia producida cuando finalmente bebe su Elixir?

Ésa es la cuestión.

Strassman escribe:

“En la glándula pineal puede ocurrir un proceso de resonancia similar al del vidrio que se quiebra, aunque no tan destructivo. La glándula pineal empieza a “liberar” frecuencias que debilitan sus múltiples barreras frente a la formación de DMT: el escudo celular, los niveles de enzimas y las cantidades presentes en la glándula pineal del compuesto que destruye el DMT. El resultado final es una oleada psicodélica de la molécula del espíritu, lo que crea los estados subjetivos de la conciencia mística”.

A propósito de esto, uno de los alquimistas que entrevisté para mi libro relata que, después de beber un Elixir elaborado con oro y rocío, comenzó a contemplar el mundo desde una perspectiva completamente diferente y a percibir entidades sobrenaturales presentes a nuestro alrededor.

Existe un detalle que siempre me pareció significativo: había practicado meditación durante muchísimo tiempo.

La coincidencia no demuestra una relación causal, pero resulta inevitablemente sugerente a la luz de las hipótesis planteadas por Strassman.

¿QUÍMICA DE LO SOBRENATURAL?

La investigación continúa, pero hay algo fascinante en todo esto: incluso cuando nos encontramos ante experiencias que el sujeto describe como absolutamente sobrenaturales, permanece abierta la posibilidad de que exista un componente neuroquímico.

Y entonces surge otra pregunta: ¿por qué precisamente esa química?

Volveremos sobre ello al final.

Strassman, al referirse a los encuentros con supuestas entidades descritos por algunos de sus voluntarios bajo los efectos de la DMT, escribe:

"En mi calidad de psiquiatra de investigación clínica, jugué con la idea de que la regularidad y coherencia de estos informes, y la intensa sensación subyacente de que todo era real, daban a entender que habría una explicación biológica. Estabamos activando puntos específicos de los circuitos cerebrales que nos inducen a percibir mentalmente imágenes y sensaciones. ¿De qué manera explicar que tantas personas tuvieran experiencias similares, de ver a criaturas con aspecto de insectos o reptiles?. Creo que se trataba de alucionaciones muy complicadas, es decir, el simple producto de la química cerebral alterada por la presencia de una droga "alucinógena", parecido a soñar despierto. "

Y añadía un detalle especialmente interesante:

"Conviene señalar que los ojos de varios voluntarios giraban en sus órbitas durante las sesiones con dosis elevadas de DMT, lo que hacía recordar la fase del movimiento rápido de los ojos, que es cuando uno sueña. Quizá la DMT inducía una experiencia onírica en estado de vigilia"

Por supuesto, esta interpretación biológica no resultaba particularmente atractiva para algunos de sus voluntarios.

Y es comprensible.

Cuando una experiencia se vive con una intensidad absoluta, resulta difícil aceptar que pueda reducirse —total o parcialmente— a determinados procesos cerebrales.

Sucede algo parecido con el enamoramiento. Para quien está enamorado, explicar su experiencia mediante neurotransmisores, hormonas, mecanismos evolutivos y circuitos cerebrales puede parecer casi un sacrilegio. La vivencia subjetiva posee tal intensidad que parece necesariamente pertenecer a un orden superior.

Pero que una experiencia posea una explicación biológica no significa que deje de ser real para quien la experimenta.

Éste es precisamente uno de los problemas más fascinantes que plantea la DMT: la extraordinaria sensación de realidad que puede acompañar a aquello que se experimenta.

¿POR QUÉ EXISTE DMT EN NUESTRO ORGANISMO?

Strassman plantea entonces otra pregunta todavía más profunda: si existe producción endógena de DMT en mamíferos, ¿qué función biológica desempeña?

¿Qué ventaja podría haber proporcionado durante la evolución?

Su propuesta entra aquí en un terreno mucho más especulativo:

"Propongo la hipótesis de que las sustancias químicas que el cerebro libera cuando se encuentra cercano a la muerte tienen efectos psicodélicos simplemente porque así es como tiene que ser. Es parecido a preguntar por qué los microprocesadores de computadoras contienen silicio. Es así porque este mineral da el resultado que se requiere de él. Las sustancias producidas por el cerebro en las experiencias cercanas a la muerte tienen efectos psicodélicos porque esas son las propiedades que la conciencia requiere en ese momento. Los compuestos psicodélicos que se liberan cuando se aproxima la muerte intervienen cuando la conciencia abandona el cuerpo. Esa es su función"

Recomiendo su libro para quien quiera conocer con mayor profundidad el razonamiento que lo conduce hacia estas hipótesis, incluyendo el paralelismo que establece entre el desarrollo de la glándula pineal, la DMT, el nacimiento, la muerte y aquello que distintas tradiciones han denominado “fuerza vital” o espíritu animador del organismo.

No afirmo que estas hipótesis demuestren que las experiencias místicas sean simples alucinaciones, ni tampoco lo contrario.

Lo verdaderamente interesante está precisamente en esa frontera.

Durante siglos, místicos, alquimistas y visionarios describieron encuentros con realidades que aseguraban encontrarse más allá de nuestros sentidos ordinarios. Hoy sabemos que determinadas sustancias pueden producir experiencias extraordinariamente semejantes y dotarlas de una poderosa sensación de realidad.

Queda entonces la pregunta fundamental: ¿la química fabrica la visión o modifica las puertas mediante las cuales percibimos la realidad?.

La ciencia todavía tiene mucho que decir sobre ello. La investigación continúa...

 

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