J. J. Benítez, los contactados y el negocio de creer

 


Desde aquel lejano día en que publicó OVNIs: SOS a la humanidad, donde relataba su experiencia en el desierto peruano durante una supuesta cita concertada con un objeto volador no identificado, mucha agua ha pasado bajo el puente para J. J. Benítez.

A lo largo de su carrera, el periodista español ha recorrido innumerables lugares considerados «zonas calientes» de la ufología: sitios donde testigos aseguran observar luces, objetos extraños o fenómenos difíciles de identificar. Algo semejante hizo en Capilla del Monte, donde tuve oportunidad de conocerlo personalmente.

El problema comienza cuando uno abandona el relato fascinante y empieza a examinar las evidencias.

Hace algún tiempo leí un extenso artículo crítico sobre Ricardo González, uno de los contactados latinoamericanos más conocidos. González pertenece, a mi entender, a una tradición perfectamente reconocible dentro de la ufología: personas que aseguran mantener algún tipo de comunicación privilegiada con inteligencias extraterrestres y que construyen alrededor de esas experiencias una doctrina, una comunidad de seguidores y, en ocasiones, una forma de vida.

Ricardo Gonzalez en plena disertación ovni
 

Su discurso recuerda inevitablemente al de Sixto Paz Wells, aunque adaptado a otra generación y revestido de un lenguaje algo diferente.

Y aquí aparece J. J. Benítez.

SIEMPRE HACE FALTA ALGUIEN QUE CREA

Un contactado sin seguidores difícilmente llegue muy lejos. Necesita personas dispuestas a escucharlo, reproducir sus relatos y otorgar credibilidad a experiencias que, de otro modo, quedarían confinadas al terreno estrictamente personal.

Sixto Paz Wells recibió una extraordinaria proyección internacional cuando Benítez publicó OVNIs: SOS a la humanidad. Allí afirmó haber presenciado, en el desierto peruano, un avistamiento durante una cita anunciada previamente por el grupo de Paz Wells.

Sixto Paz Wells, maestro de Ricardo Gonzalez
 

Aquello tenía un enorme valor propagandístico. No era solamente un contactado afirmando que las naves acudirían. Había un periodista diciendo que él también las había visto.

La historia dio la vuelta al mundo y contribuyó enormemente a consolidar la fama del movimiento encabezado por Sixto Paz.

Por eso tampoco debería resultar demasiado sorprendente la cercanía posterior entre Benítez y figuras como Ricardo González. Se mueven dentro de un universo semejante, donde los relatos de contacto, las señales celestes y las presuntas comunicaciones con inteligencias superiores forman parte del mismo paisaje cultural.

CUANDO LOS OVNIS CONTESTAN

Existe además un aspecto curioso en la obra de Benítez.

En numerosos relatos, los OVNIs parecen aparecer en momentos especialmente oportunos de su vida. Benítez necesita una señal, plantea interiormente una pregunta o atraviesa una situación de duda y, poco después, surge una luz en el cielo que interpreta como respuesta.

Es una dinámica muy cercana a la literatura clásica del contactismo.

En Ricky B, por ejemplo, desarrolla la historia de una supuesta extraterrestre infiltrada en nuestra sociedad. El nombre de la protagonista permanece inicialmente protegido, aunque investigadores críticos - Javier Garduño y quien esto escribe - han relacionado el personaje con la americana Regina Brunning.

La misteriosa alienígena Ricky B

 

Benítez ha relatado también experiencias personales extraordinarias y ha hablado incluso de una posible abducción durante su infancia.

Por eso considero que, más que un simple periodista dedicado a investigar contactados, Benítez participa intelectualmente del mismo universo de creencias que estudia.

Y eso plantea un problema metodológico evidente. Cuando el investigador desea profundamente que aquello que estudia sea real, la frontera entre investigación e interpretación puede volverse peligrosamente difusa.

EL EXTRAÑO ANILLO EXTRATERRESTRE

Otro ejemplo es el conocido «anillo extraterrestre» asociado a Benítez.

 

El objeto fue presentado dentro de un contexto extraordinario, relacionado con presuntas señales dejadas por inteligencias no humanas. Sin embargo, las críticas posteriores señalaron detalles perfectamente terrestres, entre ellos marcas compatibles con fabricación convencional.

Este tipo de episodios debería funcionar como advertencia.

Antes de recurrir a extraterrestres, habría que agotar exhaustivamente las explicaciones ordinarias. Es exactamente lo contrario de lo que sucede demasiadas veces dentro de la ufología comercial: primero se construye el misterio y después, si queda tiempo, se investiga.

RICARDO GONZÁLEZ Y LA NUEVA GENERACIÓN DEL CONTACTISMO

Ricardo González ha recorrido numerosos países ofreciendo conferencias y encuentros relacionados con sus experiencias de contacto. Cuenta con una comunidad fiel y con una considerable presencia editorial y mediática.

No tengo inconveniente alguno con que alguien relate experiencias personales.

El problema aparece cuando esas experiencias comienzan a presentarse como conocimiento objetivo sin evidencias proporcionales a las afirmaciones realizadas.

En el contactismo existe además un mecanismo sociológico interesante: la figura central obtiene prestigio, viajes, publicaciones y una comunidad que mantiene vivo el relato. Los seguidores, por su parte, reciben algo igualmente importante: significado.

No necesariamente existe engaño consciente en todos los casos. Puede existir también convicción genuina. Pero la estructura termina funcionando de manera parecida: cuanto mayor es la comunidad, mayor es la autoridad atribuida al contactado; y cuanto mayor es esa autoridad, más fácilmente se aceptan las nuevas afirmaciones.

Es un círculo perfecto. Y extremadamente difícil de romper desde dentro.

BENÍTEZ Y CABALLO DE TROYA

Otro capítulo inevitable es Caballo de Troya.

Desde hace años se han señalado las extraordinarias semejanzas entre algunos contenidos de la saga de Benítez y El Libro de Urantia.

Quien haya leído ambas obras reconocerá paralelismos especialmente llamativos en determinadas narraciones sobre Jesús de Nazaret, su vida privada, sus viajes y numerosos detalles ausentes de los Evangelios tradicionales.

Benítez ha presentado Caballo de Troya dentro de su propio dispositivo narrativo, pero las comparaciones con Urantia han provocado durante décadas acusaciones de utilización no reconocida de ese material.

Y aquí mi crítica es especialmente contundente. Porque buena parte de la cosmología, la visión de Jesús y las ideas acerca del Más Allá que aparecen en su producción literaria están extraordinariamente próximas a ese libro.

Por eso resulta fundamental conocer El Libro de Urantia para comprender una parte importante del universo intelectual de Benítez.

PLANETA ENCANTADO: CUANDO EL MISTERIO SE FABRICA

Pero quizá el punto más difícil de defender en su trayectoria sea Planeta Encantado.

Benítez con el Coliseo detrás.

 

La serie fue emitida por Televisión Española con una producción importante y una puesta en escena capaz de conferir enorme autoridad visual a lo narrado.

Uno de los episodios más polémicos fue la presentación de unas supuestas imágenes relacionadas con ruinas en la Luna.

Un astronauta del Apolo 11 examinando las "ruinas" de la Luna


Benítez construía alrededor del material una historia extraordinaria: imágenes procedentes de fuentes reservadas, contactos secretos y una información que supuestamente no había llegado al conocimiento público.

El problema fue que las imágenes habían sido recreadas en un estudio audiovisual.

Aquello ya no pertenece al terreno de interpretar equivocadamente una luz en el cielo. Estamos hablando de presentar una recreación dentro de un contexto narrativo diseñado para que el espectador pudiera interpretarla como evidencia de un acontecimiento extraordinario.

Para mí, ese episodio constituye uno de los puntos más graves de toda su trayectoria.

JESÚS PASEANDO POR UN COLISEO QUE TODAVÍA NO EXISTÍA

Planeta Encantado dejó también errores históricos llamativos.

En determinado momento Benítez sitúa a Jesús en relación con el Coliseo romano durante la época del emperador Tiberio.

El problema cronológico resulta evidente.

El Anfiteatro Flavio comenzó a construirse varias décadas después de la época de Jesús y fue inaugurado bajo Tito hacia el año 80. Por lo tanto, Jesús difícilmente habría podido caminar por sus gradas.

No estamos ante una interpretación discutible de un fenómeno paranormal. Estamos ante cronología básica.

Y cuando una producción pretende revelar misterios históricos, errores semejantes resultan particularmente problemáticos.

DINOSAURIOS Y SERES HUMANOS

Otro ejemplo fueron las piedras de Ica.


 

Durante décadas se han presentado algunas de esas piedras grabadas como prueba de que seres humanos y dinosaurios habrían convivido.

El problema es que semejante posibilidad contradice de manera monumental el registro paleontológico: los dinosaurios no avianos desaparecieron decenas de millones de años antes de la aparición de los seres humanos.

Además, el fenómeno de las piedras de Ica está profundamente contaminado por falsificaciones modernas y por una producción destinada precisamente al mercado de curiosidades.

Aun así, fueron incorporadas a determinados discursos de misterio como prueba de una historia humana alternativa.

La fascinación sustituía nuevamente a la evidencia. Y JJ. Beniez facturaba otro libro sobre el asunto además de incluirlo en la serie televisiva.

EL ARCA, LOS MOÁIS Y EL ESPECTÁCULO


La lista continúa.

Benítez ha especulado con el Arca de la Alianza como una suerte de dispositivo potencialmente letal y ha concedido espacio a hipótesis extraordinarias relacionadas con el desplazamiento de los moáis de la Isla de Pascua.

Aquí se repite siempre el mismo mecanismo narrativo: existe un misterio arqueológico o histórico; se minimizan las explicaciones convencionales; se introduce una posibilidad extraordinaria; y finalmente esa posibilidad termina ocupando emocionalmente mucho más espacio que las evidencias reales.

Como recurso literario funciona de maravilla.

Como metodología de investigación, bastante menos. Al menos para quienes aprecian la búsqueda genuina de la verdad.

EL PRECIO DE LA CRÍTICA


Investigadores escépticos españoles, entre ellos Luis Alfonso Gámez, han dedicado años a revisar algunas de estas afirmaciones y a exponer errores, recreaciones y contradicciones.

No hace falta compartir todas las opiniones de Gámez para reconocer el valor de contrastar públicamente afirmaciones extraordinarias.

Ese debería ser precisamente el corazón de cualquier investigación seria: si una historia es cierta, debe resistir la crítica.

No deberíamos proteger una afirmación porque nos emociona o porque admiramos a su autor.

Deberíamos atacarla. Buscarle grietas. Intentar destruirla. Y sólo si sobrevive, empezar a concederle valor.

¿POR QUÉ CONTINUAMOS CREYENDO?

Aquí aparece, para mí, la parte más interesante de toda esta historia.

¿Por qué figuras como Benítez conservan durante décadas una enorme cantidad de seguidores incluso después de acumular controversias?

Porque no venden simplemente libros. Venden significado. Y el significado es una de las mercancías más valiosas que existen.

Millones de personas se levantan por la mañana, viajan hasta empleos que detestan, cuentan dinero que nunca alcanza, regresan cansadas, cenan, duermen y repiten el ciclo. Lo hacen y saben que un día ese ciclo acabará y que no hubo nada muy importante en sus vidas.

Entonces aparece alguien y les dice:

No estás viviendo una existencia ordinaria.

Hay inteligencias superiores observándonos.

El universo está lleno de secretos.

La historia que te enseñaron es falsa.

Jesús fue diferente.

Los extraterrestres están aquí.

Hay un propósito.

La vida adquiere inmediatamente otro color. Eso tiene un enorme poder psicológico. Y también económico para el que promueve tales afirmaciones. Nunca vienen separados.

Libros. Documentales. Congresos. Conferencias. Viajes. Entradas. Canales de vídeo. Una industria entera puede levantarse alrededor de nuestra necesidad de que el mundo sea más extraordinario de lo que parece.

YO TAMBIÉN QUISE CREER


Y no escribo esto desde una supuesta superioridad intelectual. Hace veinticinco años yo también podía dejarme seducir por algunas de estas historias. Precisamente por eso conozco su atractivo.

Uno desea que sean ciertas. Desea que aquella luz sea una nave. Que aquel testimonio sea auténtico. Que detrás de la monotonía cotidiana exista un universo secreto esperando ser descubierto.

Con el tiempo comprendí algo menos espectacular pero mucho más importante: desear que algo sea verdad no constituye evidencia de que lo sea.

Hoy prefiero una explicación decepcionante pero sólida antes que una historia extraordinaria sostenida únicamente por testimonios, sugestión y buenos recursos narrativos.

INVESTIGAR NO ES CREER

Por eso, si alguien quiere acercarse seriamente al fenómeno OVNI, mi consejo es buscar investigadores que estén dispuestos a descartar casos.

Personas que acepten decir:

«Esto era Venus».

«Esto era un avión».

«Este testigo se equivocó».

«Este video está manipulado».

«No sabemos qué es».

Especialmente esa última frase. No sabemos. Es quizá la expresión más honesta que puede pronunciar un investigador.

En Argentina existen personas dedicadas a examinar estos fenómenos con mayor prudencia, entre ellas investigadores como mi querido amigo Alejandro Agostinelli , cuyo trabajo considero mucho más próximo a aquello que debería ser una investigación crítica.

No hace falta importar gurús. Que alguien publique con una enorme editorial (Planeta), aparezca en televisión o venga desde Europa no convierte sus afirmaciones en verdaderas. La evidencia no tiene nacionalidad.

EL VERDADERO MISTERIO

Lo que todavía me sorprende es que incluso algunas personas que se presentan como críticas continúen defendiendo determinadas figuras pese a la acumulación de controversias.

¿Por amistad? ¿Por admiración? ¿Por intereses profesionales?

No puedo saberlo. Y sería injusto atribuir motivaciones sin pruebas. Pero sí podemos formular una pregunta perfectamente legítima: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a perdonar una afirmación falsa cuando quien la pronuncia pertenece a nuestro propio círculo?. 

Quizá allí se esconda un misterio bastante más interesante que muchas luces del cielo. Porque después de décadas estudiando OVNIs he llegado a sospechar que el fenómeno más extraordinario no siempre está allá arriba. Muchas veces está aquí abajo. En nosotros. En nuestra necesidad de creer. En nuestra facilidad para construir héroes.

Y, especialmente, en la extraordinaria resistencia que mostramos para abandonar una historia hermosa cuando las evidencias empiezan a decirnos que probablemente nunca fue verdad. Que sólo quisieron jugar con nuestra inocencia.

 

 

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