La historia de la pornografia

 


Hoy día todos quieren tener de jefe a Youtube. Y no es la primera vez que el "jefe" decide censurar. YouTube lleva años retirando o restringiendo contenidos que, por una razón u otra, considera incompatibles con sus políticas. El problema aparece cuando esas decisiones resultan difíciles de comprender, especialmente cuando se trata de material que pretende cuestionar aquello que, paradójicamente, la propia plataforma permite mostrar de otras maneras.

No digo esto porque considere que mi video haya despertado conciencias —aunque ojalá lo haya hecho—. Sólo puedo afirmar que intentaba ofrecer algo diferente: mi video iba en contra de la pornografía. Y en una sociedad cada vez más saturada de contenido sexual, quizá alguna reflexión provocó, a juzgar por los numerosos comentarios de personas, muchas de ellas jóvenes, que aseguraban que les había servido.

Sin embargo, después de permanecer más de dos años publicado, un día YouTube decidió retirarlo.

Resulta llamativo. Un video concebido precisamente como una crítica a la pornografía y a una industria multimillonaria permaneció durante años en la plataforma, comenzó a acumular miles de visualizaciones y cientos de comentarios y, de pronto, dejó de cumplir las políticas. Ahora simplemente aparece como “Retirado”.

Y ahí parece terminar toda discusión.

“No cumple con las políticas”.

Una frase suficientemente amplia como para cerrar cualquier debate sin necesidad de explicar demasiado. Lo desconcertante no es que una plataforma privada tenga normas —naturalmente las tiene—, sino la aparente falta de coherencia con la que esas normas pueden aplicarse. Porque mientras determinados contenidos desaparecen, otros que personalmente considero mucho más cuestionables continúan disponibles.

Basta comparar con algunos ejemplos que siguen publicados en la propia plataforma. Hay videos cuyo contenido me resulta difícil de conciliar con el criterio utilizado para retirar el mío. Y esa contradicción es, precisamente, lo que cuestiono.

No pretendo decirle a nadie qué debe pensar. Tampoco necesito hacerlo.

Afortunadamente, Internet no termina en YouTube y existen otros espacios donde todavía puedo compartir este trabajo. Por eso volveré a publicarlo desde mi propia web.

Allí quedará disponible para quien quiera verlo y sacar sus propias conclusiones.

Lo que más me importa no son las cifras. Son aquellos comentarios de jóvenes que decían que el video los había hecho reflexionar o que, de alguna manera, los había ayudado.

Si consiguió eso aunque fuera con una sola persona, entonces tuvo sentido publicarlo.

Y si todavía puede conseguirlo fuera de YouTube, también tendrá sentido volver a hacerlo.

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